domingo, 17 de febrero de 2013
Aroma de rosquillas
(El pasado 7 de febrero me publicó La Nueva España esta Sosería)
Se han dirigido burlas contra un presidente de algo (una empresa, una Administración...) que se preocupaba por el olor de su coche oficial y encomendaba a su conductor que cuidara este aspecto en sus comprometidos desplazamientos. La verdad es que no entiendo la chanza porque a mí me parece muy lógico: si seleccionamos el color del coche o de la tapicería, si seleccionamos la música que queremos oír, ¿por qué no el aroma que ha de acompañarnos? ¿Hay alguna razón para hacer de menos al sentido del olfato, tan digno como el de la vista o el del oído?
De lo que queda en los renglones de nuestra memoria lo más duradero e importante es lo que olemos y las grandes creaciones se advierten antes por el olor que por el sabor. Así ocurre con el vino que, cuando está cuidado con mimo y galanura, nos trae aromas de especias, de hierbas salvajes, de violeta, de plátano, de chocolate, de almendra o de nuez... hoy día se hacen ofertas de vinos que han sido seleccionados por sus aromas. Cualquier espíritu sensible convendrá conmigo que el aroma a flores de un Gewürztraminer es de las sensaciones que se quedan columpiadas en nuestras melancolías. No es una casualidad que al catador de vino se le seleccione por su nariz, no por su lengua. Recordemos, ya que hablamos de memoria, que cuando en casa de nuestras abuelas olíamos las rosquillas de anís y comino sabíamos que entrábamos en sagrado. Y que las monjas, si van al cielo, no es por sus rezos ni por sus misas, sino por el olor que desprenden a pastas y a bizcochos.
Lo mismo ocurre con los buenos cigarros habanos que el catador de prosapia antes huele que degusta. Y a Marcel Proust se le agolpan los recuerdos de su infancia antes por el olor del té que por el sabor de la magdalena, con ser su magdalena la más famosa del universo, como si dijéramos, la diosa venusta de las magdalenas.
Y es que la nariz es algo muy serio. Shostakovich le dedicó una ópera y a este compositor hay que admirarlo, aunque sólo sea porque Stalin lo persiguió, lo cual dignifica a cualquiera. Los únicos que no saben valorar la nariz son los otorrinos, que se enredan en sus enfermedades sin advertir su belleza de la misma manera que el juez se enreda en los preceptos procesales teniendo como tiene ante sus narices nada menos que a la justicia.
En la vieja bohemia, pero también en la actual, sus sacerdotes, que eran y son los poetas chirles, siempre se ha detectado antes el olor de un bocadillo de chorizo bien grasiento que el ritmo de unos versos alejandrinos.
Ahora hay tratamientos terapéuticos a base de aromas y deberíamos entregarnos a ellos con disciplina de neófitos. Para no engordar y ahuyentar el colesterol lo más recomendable no es atiborrarse de fármacos como nos dicen los médicos, sino oler. Debería haber restaurantes de olores y en ellos pediríamos aromas: de fabes con almejes, de cocido madrileño, de callos a la riojana, de botillo berciano y así sucesivamente sin que nuestro hígado ni nuestras arterias padecieran.
Todo se salvaría si cuando la prosa de la vida nos aturde entrara la poesía de los aromas.
En fin, el aroma, los olores son las pepitas de oro de la ciencia. Al menos de la sociológica. Porque ¿cómo sabríamos que España va muy mal si no fuera por el olor que despide?
miércoles, 6 de febrero de 2013
Donaciones ilegales a la CDU en Alemania
(Ayer 5 de febrero me publicó el periódico El Mundo esta tribuna).
A principios de noviembre de 1998 fue elegida
una tal Angela Merkel secretaria general de la CDU siendo Wolfgang Schäuble
presidente del partido. La presidencia de honor la ocupaba el canciller Helmut
Kohl. Era una época en la que la democracia cristiana alemana obtenía buenos
resultados en las elecciones a los parlamentos de algunos Länder y también en las celebradas en junio de 1999 para el
Parlamento europeo.
Es entonces cuando Angela Merkel publica un
artículo sonado en el Frankfurter
Allgemeine Zeitung -22 de diciembre- criticando abiertamente la actitud de
su jefe de filas y reclamando a su partido que “aprendiera a andar solo, a
tomar su propio camino como cada cual hace cuando llega a la pubertad”.
¿En qué consistía el escándalo de las
donaciones? En el turbulento -para la CDU- noviembre de 1999, un juzgado de
Augsburgo dicta una orden de arresto contra el entonces tesorero de este
partido imputándolo por evasión de impuestos. Se le acusaba, en concreto, de
haber aceptado una donación procedente de un traficante de armas, donación que
no había pasado por las oficinas de Hacienda. Es más: ni siquiera había llegado
a las arcas del partido pues la cantidad se la habían repartido -suponemos que
amigablemente- el tesorero con sus colaboradores. Poco después, nada menos que
el secretario general del partido tiene que admitir que, en la era Kohl, la
organización se había financiado ilegalmente. Otros antiguos secretarios
generales sostuvieron, sin embargo, que nada sabían de tales prácticas.
Y es tras estas declaraciones cuando el
propio Kohl confiesa ante las cámaras de televisión y asume toda la
responsabilidad política derivada del escándalo.
La situación de este hombre se hizo
insostenible y a mediados de febrero dimitió. La CDU queda entonces descabezada
lo que refuerza la posición de Angela Merkel quien ostentaba -lo hemos visto-
la secretaría general.
Se abre entonces un debate intenso en el
partido a lo largo y ancho de Alemania de forma que se celebran hasta ocho
“conferencias regionales” donde los militantes discutieron en profundidad el
escándalo y sus implicaciones. Es en ellas donde se va formando una corriente
de opinión partidaria de que Merkel ocupe la presidencia vacante del partido,
lo que en efecto ocurre en abril de 2000. Malos tiempos para la CDU. La
flamante presidenta sufre, como consecuencia del escándalo, derrotas en algunas
elecciones regionales. Es el tiempo en el que el Gobierno rojiverde del dúo
Gerhard Schröder - Joschka Fischer campaba por sus respetos en el escenario
político alemán.
Y es el tiempo también en el que hay que
buscar un candidato para la cancillería porque las elecciones generales se
acercan. Merkel no oculta su intención de aspirar al cargo pero tiene un
adversario poderoso, Edmund Stoiber, presidente del Gobierno bávaro desde 1993
y dirigente del partido hermano, la CSU. Hombre correoso y con muchos apoyos
entre los presidentes de los Länder se convierte en efecto en el candidato a la
cancillería con el respaldo ¿entusiasta, fingido? de Merkel.
Pero las elecciones de septiembre de 2002 dan
de nuevo la victoria a socialistas y verdes, escasa ciertamente pero victoria.
Schröder sigue como canciller después de haberse puesto las botas de agua en
las inundaciones del verano. Cuando se constituye el Bundestag, Angela Merkel reclama la presidencia del grupo de la
oposición, que consigue. Para hacer desde allí -conviene recordarlo y
subrayarlo- un trabajo de colaboración con el Gobierno que acaba vinculando al
partido a las grandes reformas sanitaria y laboral que promueve Schröder, cuyo
contenido vota favorablemente en el Parlamento.
Y sigue la carrera de la señora Merkel hasta
el lugar que hoy ocupa ...
Volvamos al asunto de las donaciones. Merkel,
a quien se llamaba entonces despectivamente Merkelchen,
es decir, “Merkelita”, consolida su posición dirigente como consecuencia de su
firmeza al combatir las ilegalidades amparadas por quien había sido su
introductor en las esferas de la alta política alemana. Lo hemos visto con la
campanada en el prestigioso Frankfurter
y lo completa en enero de 2000 al confirmar que, tras la auditoría de las
cuentas de las CDU, quedaba probada la existencia de millones de marcos “de
desconocido origen” en las cajas del partido durante la era de Helmut Kohl.
Personaje histórico -la reunificación, los
éxitos europeos ...- caído en desgracia
hasta el punto de que una recepción, organizada para celebrar su setenta
cumpleaños, es cancelada desde la dirección de la CDU. El presidente del Bundestag impone a la CDU una multa de
cuarenta y un millones y medio de marcos y más tarde pierde el partido casi
otros ocho millones procedentes de los fondos destinados a la financiación
pública de los partidos, como sanción por su comportamiento.
Los medios informativos, el Spiegel, la prensa de Berlín, la
televisión, siguieron ofreciendo datos y más datos sobre este oscuro asunto que
se completó luego con otros en el seno de la socialdemocracia (Colonia) y entre
los liberales (Land de Renania del Norte-Westfalia) ...
domingo, 3 de febrero de 2013
Bodas de plata
Probablemente y como a todos nos ha pasado, Felipe Orbegozo no cabía en sí de la segunda parte de su apellido cuando se le hizo el primer encargo en nuestro periódico. Se trataba de una sección humilde pero en la que iba a reflejar muy pronto su estilo. Hoy, que ha conseguido su primer galardón literario, traemos a las páginas de nuestro diario una curiosidad:el primer texto firmado por Orbegozo que es una sencilla crónica de sociedad publicada el día 4 de febrero del año dos mil seis.
"Fue en el restaurante 'el garbanzo en su punto' donde se celebró el convite. Estaba el local iluminado con luces de bohemia y los camareros lucían el uniforme que utilizan los académicos de la Lengua los días de recepción. Iban y venían con sus fuentes de colesterol calentito. Con el micrófono en la mano y con menos pelo que un tomo del Espasa se encontraba el famoso cantante Julio Capillas, hace años expulsado de Miami por haber intentado cantar a los propios lugareños una de sus baladas. Entre los asistentes, los antiguos dirigentes políticos, don Antonio Hernández Cancha que hizo reír mucho contando su próxima estrategia política y doña Rosa Duque a la que gastaron, durante el banquete, una bonita broma pidiéndole que contara algo.
A los postres tomó la palabra don Servando que es buen orador pero que lleva muchos años sin poder hablar porque es, desde hace varias legislaturas, diputado a Cortes:
'Nos reune hoy aquí, amigas y amigos, con unos añitos más, es verdad pero con el ánimo joven de siempre, una conmemoración que no puede dejar de celebrarse en toda familia que se precie. Hoy celebramos las bodas de plata -ahí es nada, veinticinco añitos- del divorcio de Juan Miguel y María Yolanda. ¡Parece que fue ayer cuando se divorciaron! Eran unos pichones, a Juan Miguel, a Juanmi, ni siquiera le asomaban los pelos que hoy luce en las orejas y María Yolanda todavía andaba con las molestias femeninas. Les faltaban más de treinta letras del piso por pagar y los niños estudiaban esa cosa tan rara que sonaba a onomatopeya del eructo, el BUP y que era donde se aprendía a poner bien las faltas de ortografía. Hoy ahí los teneis:Itziar, la mayor, gracias a haber abandonado tempranamente los estudios, es hoy una importante dirigente sindical;Iván, el chico, oficial insumiso de caballería. Para mí. . . '.
Interrumpieron al orador:¡Vivan los divorciados! Sonó el descorche del cava. Empezó la música. Juan Miguel y María Yolanda bailaron y estuvieron muy animados toda la tarde. Se retiraron cuando vinieron a recogerles sus respectivos cónyuges".
Un curioso documento de quien empieza a ser celebrado escritor y colaborador nuestro don Felipe Orbegozo.
domingo, 27 de enero de 2013
Cazatalentos
(Mi última Sosería en La Nueva España)
Simpática expresión la del “cazatalentos”
puesta de moda estos días pues hay empresas dedicadas a este menester. El
talento como objeto cinegético es un hallazgo de la moderna ciencia del management y del leadership. Como ahora ya se va poco a cazar perdices porque el
noble arte de buscar aves en el campo se ha convertido en una afición propia de
personas sin entrañas -es de mejor tono cogerlas en una bandeja en el
supermercado-, pues se sale a una plaza a la búsqueda de un talento. ¿Es usted
un talento? no, señor, soy simplemente odontólogo, carezco de ideales fuertes y
sé poco de conflictos emocionales.
Y es que, para alcanzar la condición de
talento, el sujeto ha de estar adornado de algunas virtudes especiales pues
cualquier botarate no puede ser calificado como talento. Para serlo, lo más
eficaz es acudir a la publicidad de estas empresas y en ella se podrá advertir
cuáles son exactamente esas virtudes. Esto permitirá al joven que aspire a ser
talento a identificarlas y prepararse para llegar a atesorarlas. Aparte de los
ideales fuertes y lo de los conflictos emocionales ya señalados, hay que
disponer de sentido de la lealtad, de la motivación y del compromiso así como
capacidad para la austeridad y el sacrificio. Un peldaño más arriba se halla el
carácter persuasivo, la autoridad y el mando que se sepa desplegar, más la
habilidad para la eficiencia y el retorno de la inversión. Quien además sepa
conocer las dinámicas cambiantes ya está cerca de ser Fleming.
Aquél que se mueva con soltura en estas
pericias está en condiciones de entrar en una empresa que monitorice el sector, una de esas empresas verdaderas y serias, las
que saben identificar tendencias, fomentar la inteligencia sectorial con el
seguimiento de funciones clave y distinguir el conocimiento potencial.
Así de sencillo. ¡Y pensar los esfuerzos y
energías que se han empleado durante años en seleccionar a los abogados del
Estado y a los cirujanos de la Seguridad social! Unos aprendiendo temas y más
temas de derecho hipotecario, de hacienda pública y de derecho civil; los otros
metidos en los quirófanos horas y horas, haciendo guardias, ejercitándose en el
manejo del bisturí y de los medios técnicos más modernos ... pero ¡qué insensatez!
Pues ¿y los catedráticos de Física? las pestañas se han dejado muchos en los
laboratorios en condiciones laborales precarias y lo mismo los profesores de
instituto ¡que se aprendían -los muy ilusos- la gramática y la historia de
España! Y los veterinarios, que han rodado por los pueblos polvorientos, aquí
sacando un ternerito del vientre materno, allá recomponiendo la pata de un
caballo, o esa pianista abnegada, con dedos como surtidores, todos ellos
descubren ahora que son lo más cercano a unas piltrafas porque no son talentos,
los talentos que merecen ser cazados son los de los dominios emocionales y los
del retorno de la inversión.
Pero ¿cómo hemos vivido en la higuera y no
nos hemos dado cuenta? Me incluyo porque yo también he perdido los mejores años
de mi vida estudiando el contencioso-administrativo y la expropiación forzosa
sin darme cuenta de que, por este camino, jamás llegaría a talento. Y así he
venido a parar en esa maldita medianía que no sabe identificar tendencias ni
advertir la verdadera inteligencia, la sectorial, que es la buena y la
definitva.
Vidas perdidas y me dirijo a tantos y tantos
lectores: a ese farmacéutico, a ese notario, a esa magistrada de la Audiencia,
a esa fisioterapeuta, a ese fontanero o a ese carpintero, a esa bailarina de
ballet, blanca campánula, a todos cuantos saben su oficio pero que, ay, ni son
talentos ni se les espera allá donde las empresas “cazatalentos” guardan sus
esencias. ¡Y yo que hubiera querido ser cazado como talento y a lo más que he
llegado es a ser cazado en una trapacería!
domingo, 20 de enero de 2013
¡Viajeros al tren!
(Mi última Sosería en La Nueva España)
Signo de sabiduría es acomodarse a los
tiempos. Los cambios negativos han de aceptarse con la debida resignación pero
los positivos deben ser recibidos con alegría.
Entre estos últimos se hallan los acaecidos
en los viajes que hacemos en tren. Hace años era difícil llegar al destino sin
haber hecho una nueva amistad o incluso varias. Aquellos compartimentos donde
cabían seis o siete personas proporcionaban una cercanía que no existe en las
modernas salas donde nos amontonamos veinte o treinta viajeros. Y luego estaban
las comidas, el intercambio de viandas:
-Pruebe usted este chorizo que es de casa.
Curadito y en su punto.
-No le voy a hacer ascos, no. Pero si me
acepta este trozo de bizcocho: huevo, harina y azúcar, aquí no hay trucos ni
esas cosas nuevas de los estabilizantes.
A partir de ahí, una vez reconfortados,
venían las confidencias sobre los hijos, sobre el embarazo de la nuera, que lo
está llevando mal porque tiene pérdidas, sobre el chaval que acaba de sacar
plaza en la guardia civil y me lo han enviado al pobre al País Vasco, sobre el
asesinato ese que ha salido en la televisión, qué horror, cómo puede hacer eso
un padre a una criaturita ... Siempre solía haber una monja, no muy agraciada
pero entrañable, que sacaba unas pastas de las hechas a ley en el convento, ay,
madre, qué manos tienen ustedes, quite usted, es que el Señor nos ayuda, y por
ahí seguido ...
Esta escena es imposible ahora.
Cada quien va con un adminículo metido en el
oído y un ordenador o una tableta delante repasando el último partido de
balompié o una película de animación, a veces la decoración del viajero se
completa con un collarín que le protege las cervicales. Todos muy serios, por
supuesto sin decir una palabra al vecino, lo que por otro lado sería inútil ya
que no nos oiría, parapetado como se halla tras sus trebejos electrónicos.
Con todo, el mejor de los compañeros de viaje
es el que instala su oficina en su asiento del tren. Se sienta, tira de laptop, se enchufa el auricular, saca el
móvil y empieza la ronda de llamadas: acuérdate, Concha, de mandar por
mensajero la nueva versión de la propuesta que hicimos en el último comité y
dile a Vicente que ni se le ocurra llamar a los de Sevilla, que llamen ellos, a
ver qué se van a creer, no te olvides de darme el nombre de la última
aplicación de comparativas operacionales, y los del pedido de la semana pasada
que concreten porque así no se pueden hacer las cosas, esta es una empresa
seria, ahora te dicto una carta para Sanahuja, se ha cortado, es que hemos
pasado un túnel, te decía que te dicto la carta para Sanahuja, a ver si dispara
este hombre que es más lento que el caballo del malo ... Y ahí van la carta, el
operacional, los topicazos y la madre que los parió a todos.
Situación deliciosa porque además se produce
a voces como si nadie creyera en la eficacia de la telefonía. Pero es un medio
infalible para que todo el pasaje se ponga al día sobre los entresijos de
Segoviana de Cárnicas S.A. Yo me he enterado en el ave a Sevilla del precio
ofertado y del regateo subsiguiente de un novillo para un festejo veraniego.
Cuando los logros de la técnica se juntan a
la buena educación del vecino, el resultado es esta delicia ferroviaria. Menos
mal que un mensaje de RENFE por el altavoz nos pide que por favor bajemos el
volumen de nuestros móviles. Eso sí: difundido a grito pelado.
martes, 8 de enero de 2013
El galimatías europeo
(Ayer me publicó El Mundo este artículo)
Explicar a los ciudadanos el funcionamiento de las instituciones europeas es tarea espinosa porque el empeño no es fácil. Y no lo es porque la Unión Europea lleva en su seno dos almas diferenciadas que, a su vez, están obligadas a ser complementarias: el alma europea propiamente dicha, que representan instituciones que acogen los latidos del interés común y que son -entre otras- la Comisión, el Parlamento, los Tribunales de Justicia y Cuentas, más aquellas que llevan a la Unión la voz de los Estados que la componen, fundamentalmente el Consejo europeo y los Consejos europeos de ministros -sectoriales (industria, transportes etc)-. Mover las voluntades de unos y de otros en medio de este abigarrado aparato institucional es anhelo parecido, en dificultad, al que en la mitología griega se conoce bajo el nombre de los trabajos de Heracles o de Hércules (todo aquello del león, la hidra, el jabalí, los establos de Augias etc).
Del esfuerzo que el ciudadano debe hacer para manejarse en este laberinto nace una cierta desesperación a la que sigue en no pocos casos -y esto es lo peor- la descalificación rotunda.
Y así no es infrecuente oír voces despachadas que aseguran ser todo un embrollo que para poco sirve, fuera de alimentar políticos, funcionarios y demás componentes de lo que un autor español que hoy nadie lee -Silverio Lanza- llamaría la vermicracia.
Ahora bien, como el proyecto de construcción europea es el empeño histórico más relevante de los últimos decenios no podemos abandonar la tarea pedagógica por lo que importa mucho enseñarlo desde la escuela a los niños y proporcionar a toda la ciudadanía el hilo de Ariadna educándola en el respeto a sus culturas, a su patrimonio histórico, a sus grandes nombres, a sus símbolos, a sus deslumbrantes inventos ... En tal sentido, tengo presentada, ante la presidencia del Parlamento europeo, una iniciativa destinada a poner en marcha una consulta entre la ciudadanía para seleccionar cincuenta nombres indiscutibles de la cultura europea (Mozart, Goethe, Cervantes, Rubens ...) y confeccionar con ellos una publicación sencilla al alcance de los quinientos millones de europeos. Tengo la esperanza de que el actual presidente del Parlamento, un político alemán cuyo oficio es el de librero, sea sensible a esta petición mía.
Pero precisamente porque creo en estas cosas es por lo que creo a su vez que es urgente acabar con el galimatías que inunda la Unión europea y que en tan gran medida contribuye a alejar a la población de sus proyectos y de sus logros.
En este sentido, la crisis económica está acelerando la descomposición del lenguaje y de los instrumentos jurídicos de una forma que, si no ponemos remedio, va camino de hacerse irreversible. Porque lidiar con veintitantas lenguas ya es enrevesado pero, si a ellas unimos, el artificio tecnocrático, entonces las posibilidades de entendernos acabarán por desvanecerse. Con pérdida cierta para todos.
Los periódicos difunden esta confusión porque les resulta obligado al ser su deber el informar y hacerlo tal como les llegan las noticias desde los centros bruselenses. Lo mismo, y por las mismas razones, hacen las radios o las emisoras de televisión. Todo ello con un efecto multiplicador que resulta sencillamente demoledor.
A organismos como el Banco central europeo, el ECOFIN, el Banco Europeo de Inversiones, el Fondo europeo de Inversiones con los que se desayuna cualquier ciudadano indefenso que acude por las mañanas a su trabajo, hay que unir una serie de siglas y de normas cabalísticas de muy difícil digestión.
Así por ejemplo tenemos la Junta europea de riesgo sistémico que se une a autoridades específicas que se ocupan de los bancos, de los seguros y de los mercados de valores.
Se han creado el Mecanismo europeo de Estabilidad Financiera y el Fondo europeo de Estabilidad financiera que, aunque suenan parecido, son dos objetos diferenciados por la compleja maquinaria discursiva de sus progenitores. Para confundir más el panorama, al segundo se le llama a veces de “facilidad financiera” y además se usan sus acrónimos (unas veces, en inglés, otras en español) MEEF y FEEF que ahora ya -oh, bendición- se han simplificado en el MEF.
Las reformas “estructurales” que se están acometiendo se contienen en el “paquete de reforma de la gobernanza económica de la eurozona” y en dos tratados intergubernamentales, es decir, tramados y trabados fuera del derecho de la Unión europea, y que son el Tratado de Estabilidad y el Tratado por el que se establece el citado Mecanismo de Estabilidad financiera. A ello procede añadir dos “conjuntos normativos”, el que contiene la reforma de la gobernanza económica, descompuesto a su vez en cinco reglamentos y una directiva, y el de refuerzo de la supervisión presupuestaria, integrado por dos reglamentos. ¿Parece poco? Pues incorpórese a la citada enumeración el Pacto por el Euro Plus y el Código de Conducta del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. A esto último se le llama, para que todo el mundo lo entienda, “soft law”.
El procedimiento de coordinación de políticas presupuestarias y de las políticas macroeconómicas ha sido bautizado con el nombre de “Semestre europeo” como si de la “semana de oro” de unos grandes almacenes se tratara. Con la particularidad de que lo que yo acabo de llamar “políticas presupuestarias” normalmente se denominan, por una mala traducción, “políticas fiscales”, lo que coadyuva a que el embrollo tome vuelo y consistencia.
Hay además la Directiva sobre el Marco presupuestario nacional que trata de ajustar este al marco presupuestario plurianual de la Unión europea y donde se crea el Objetivo Presupuestario a Medio Plazo que, a su vez, ha de insertarse en el citado Semestre Europeo.
Sin duda me dejo otros hallazgos en el tintero pues mi capacidad de asimilación de estos engranajes padece lacerantes limitaciones. Últimamente hemos descubierto el “memorandum of understanding” y citarlo me lleva al otro despropósito que trato de denunciar: el manejo desahogado de términos ingleses que contribuyen a hacer el paisaje definitivamente esotérico y al alcance de iniciados cada vez más chiflados.
Tenemos el “bail-out” y el “bail-in”, las “non-standard monetary policy measures”, el “securities markets programme” o su sucesor “outright monetary transactions”, el tablero de indicadores macroeconómicos al que llamamos coloquialmente y con confianza “macroeconomic scoreboard”, el “most likey scenario”, el “Six pack” y el “Two pack” y por ahí seguido que diría el maestro Umbral.
Naturalmente, lo hasta aquí explicado se refiere exclusivamente al ámbito de la economía. Si nos trasladamos al mundo de los transportes, de la investigación o de la energía encontraremos un panorama semejante donde todo aparece nublado en una suerte de confusión “epigramática y ática”.
Resumo: para que Europa sea de los ciudadanos hay que cambiar -ciertamente- muchos de los ladrillos con los que la construimos. Este del lenguaje y de la simplificación de los instrumentos jurídicos es urgente como lo es pedir al toro sagrado que un día la raptó que nos ayude a recuperar la estética y a aventar lo grotesco y desconcertante.
Explicar a los ciudadanos el funcionamiento de las instituciones europeas es tarea espinosa porque el empeño no es fácil. Y no lo es porque la Unión Europea lleva en su seno dos almas diferenciadas que, a su vez, están obligadas a ser complementarias: el alma europea propiamente dicha, que representan instituciones que acogen los latidos del interés común y que son -entre otras- la Comisión, el Parlamento, los Tribunales de Justicia y Cuentas, más aquellas que llevan a la Unión la voz de los Estados que la componen, fundamentalmente el Consejo europeo y los Consejos europeos de ministros -sectoriales (industria, transportes etc)-. Mover las voluntades de unos y de otros en medio de este abigarrado aparato institucional es anhelo parecido, en dificultad, al que en la mitología griega se conoce bajo el nombre de los trabajos de Heracles o de Hércules (todo aquello del león, la hidra, el jabalí, los establos de Augias etc).
Del esfuerzo que el ciudadano debe hacer para manejarse en este laberinto nace una cierta desesperación a la que sigue en no pocos casos -y esto es lo peor- la descalificación rotunda.
Y así no es infrecuente oír voces despachadas que aseguran ser todo un embrollo que para poco sirve, fuera de alimentar políticos, funcionarios y demás componentes de lo que un autor español que hoy nadie lee -Silverio Lanza- llamaría la vermicracia.
Pero precisamente porque creo en estas cosas es por lo que creo a su vez que es urgente acabar con el galimatías que inunda la Unión europea y que en tan gran medida contribuye a alejar a la población de sus proyectos y de sus logros.
En este sentido, la crisis económica está acelerando la descomposición del lenguaje y de los instrumentos jurídicos de una forma que, si no ponemos remedio, va camino de hacerse irreversible. Porque lidiar con veintitantas lenguas ya es enrevesado pero, si a ellas unimos, el artificio tecnocrático, entonces las posibilidades de entendernos acabarán por desvanecerse. Con pérdida cierta para todos.
Los periódicos difunden esta confusión porque les resulta obligado al ser su deber el informar y hacerlo tal como les llegan las noticias desde los centros bruselenses. Lo mismo, y por las mismas razones, hacen las radios o las emisoras de televisión. Todo ello con un efecto multiplicador que resulta sencillamente demoledor.
A organismos como el Banco central europeo, el ECOFIN, el Banco Europeo de Inversiones, el Fondo europeo de Inversiones con los que se desayuna cualquier ciudadano indefenso que acude por las mañanas a su trabajo, hay que unir una serie de siglas y de normas cabalísticas de muy difícil digestión.
Así por ejemplo tenemos la Junta europea de riesgo sistémico que se une a autoridades específicas que se ocupan de los bancos, de los seguros y de los mercados de valores.
Se han creado el Mecanismo europeo de Estabilidad Financiera y el Fondo europeo de Estabilidad financiera que, aunque suenan parecido, son dos objetos diferenciados por la compleja maquinaria discursiva de sus progenitores. Para confundir más el panorama, al segundo se le llama a veces de “facilidad financiera” y además se usan sus acrónimos (unas veces, en inglés, otras en español) MEEF y FEEF que ahora ya -oh, bendición- se han simplificado en el MEF.
Las reformas “estructurales” que se están acometiendo se contienen en el “paquete de reforma de la gobernanza económica de la eurozona” y en dos tratados intergubernamentales, es decir, tramados y trabados fuera del derecho de la Unión europea, y que son el Tratado de Estabilidad y el Tratado por el que se establece el citado Mecanismo de Estabilidad financiera. A ello procede añadir dos “conjuntos normativos”, el que contiene la reforma de la gobernanza económica, descompuesto a su vez en cinco reglamentos y una directiva, y el de refuerzo de la supervisión presupuestaria, integrado por dos reglamentos. ¿Parece poco? Pues incorpórese a la citada enumeración el Pacto por el Euro Plus y el Código de Conducta del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. A esto último se le llama, para que todo el mundo lo entienda, “soft law”.
El procedimiento de coordinación de políticas presupuestarias y de las políticas macroeconómicas ha sido bautizado con el nombre de “Semestre europeo” como si de la “semana de oro” de unos grandes almacenes se tratara. Con la particularidad de que lo que yo acabo de llamar “políticas presupuestarias” normalmente se denominan, por una mala traducción, “políticas fiscales”, lo que coadyuva a que el embrollo tome vuelo y consistencia.
Hay además la Directiva sobre el Marco presupuestario nacional que trata de ajustar este al marco presupuestario plurianual de la Unión europea y donde se crea el Objetivo Presupuestario a Medio Plazo que, a su vez, ha de insertarse en el citado Semestre Europeo.
Sin duda me dejo otros hallazgos en el tintero pues mi capacidad de asimilación de estos engranajes padece lacerantes limitaciones. Últimamente hemos descubierto el “memorandum of understanding” y citarlo me lleva al otro despropósito que trato de denunciar: el manejo desahogado de términos ingleses que contribuyen a hacer el paisaje definitivamente esotérico y al alcance de iniciados cada vez más chiflados.
Tenemos el “bail-out” y el “bail-in”, las “non-standard monetary policy measures”, el “securities markets programme” o su sucesor “outright monetary transactions”, el tablero de indicadores macroeconómicos al que llamamos coloquialmente y con confianza “macroeconomic scoreboard”, el “most likey scenario”, el “Six pack” y el “Two pack” y por ahí seguido que diría el maestro Umbral.
Naturalmente, lo hasta aquí explicado se refiere exclusivamente al ámbito de la economía. Si nos trasladamos al mundo de los transportes, de la investigación o de la energía encontraremos un panorama semejante donde todo aparece nublado en una suerte de confusión “epigramática y ática”.
Resumo: para que Europa sea de los ciudadanos hay que cambiar -ciertamente- muchos de los ladrillos con los que la construimos. Este del lenguaje y de la simplificación de los instrumentos jurídicos es urgente como lo es pedir al toro sagrado que un día la raptó que nos ayude a recuperar la estética y a aventar lo grotesco y desconcertante.
domingo, 6 de enero de 2013
El fin del mundo
(Hace unos días La Nueva España publicó mi última Sosería).
Recientemente se ha vuelto a suscitar el debate acerca del fin del mundo de la mano de una profecía maya y hay incluso quienes han vivido angustiados el pasado 21 de diciembre temiendo su veracidad. En una emisora de radio oigo una entrevista con un constructor español de refugios nucleares que estaba muy contento porque su cartera se había abultado por los encargos recibidos de personas que pensaban utilizarlos para conjurar la hecatombe anunciada. Al parecer, están ideados para resistir hasta veinte años.
Me di en cavilar qué tipo de sujetos son esos que deciden ponerse a salvo: ellos, es decir, la familia más el gato y un canario en su jaula, mientras el mundo se desconcierta y acaba pereciendo atraído por las fauces hambrientas de la desolación y la ruina. El sujeto que cree estar rodeado de bohemios irrecuperables y piensa ¡allá ellos! ¡que les zurzan! Morirán, padecerán la destrucción de sus bienes, la desaparición de sus seres queridos, mientras que yo, aquí dentro, en mi refugio, con mi María, con mis hijitos Aitor y Eva Luisa, con la perra «Laila» que está en celo... bien calentitos, comiendo fabada y piña en lata. Es cierto que no se pueden comunicar con nadie ni usar internet ni la tableta ni el washapp pues todo se va tornando en el exterior neblinoso, atrapado como ha quedado el Universo en un pantano de olvidos hostiles, de piedras verdinosas, de mármoles aliquebrados, de versos marchitos, de tiempo exhausto, de pasado hecho cenizas.
Y ellos, en su refugio. Todavía con los pagos pendientes de la hipoteca, pero en su pleno y gozoso usufructo.
¡Lo que es no haber leído la buena literatura, y especialmente la española de humor! Porque estas gentes ignoran que todo esto fue tratado por Enrique Jardiel Poncela en su obra «cuatro corazones con freno y marcha atrás» donde aparecen esas entrañables parejas que consideran que «morirse es un error» y deciden confabularse contra la maldita visita de la guadaña y además tomar el elixir de la juventud. A partir de ahí, empiezan una vida pletórica de aventuras, dulce de acontecimientos y deleitosa, llena de anhelos colmados hasta que... advierten lo tedioso de una situación que carece de horizonte porque está vacía de sobresaltos, de amores inesperados, de versos nuevos, de lágrimas, de noticias de la Bolsa y de los familiares, incluida la prima de riesgo, es decir, una existencia que tiene el atrevimiento de ignorar las jugarretas que guarda en su seno el arca misteriosa del Tiempo.
Y eso ni es vida ni es nada pues lo excitante es ver delante de nosotros, como anuncia Kavafis en su poema, «los días venideros como fila de cirios encendidos, cirios ardientes, áureos y vivos». Por eso lo que gusta del fin del mundo es su comienzo. Pero su comienzo explicado por el Yavista en el relato mágico del Génesis con sus jardines, sus serpientes, sus manzanas, sus pecados, su carne tentadora, su Eva hirviente y su Adán cercado por el perfume de los deleites.
¿El fin del mundo? Vendrá, claro que vendrá, pero será cuando ya no suene la música de Mozart ni se pueda avistar el espectáculo de una mujer enfundada en el traje de su voluptuosidad ni se pueda vivir en pecado o cuando perdamos el hilo de nuestras costumbres y extraviemos nuestras manías.
Ahora bien, la espera ha de ser en descampado, bajo la dictadura del sol y de los vientos, tiranizados por los cielos desmayados y sus nubes socarronas, luchando por el aire entre la algarabía de las vidas. No en el refugio nuclear, refugio de certezas secas.
Recientemente se ha vuelto a suscitar el debate acerca del fin del mundo de la mano de una profecía maya y hay incluso quienes han vivido angustiados el pasado 21 de diciembre temiendo su veracidad. En una emisora de radio oigo una entrevista con un constructor español de refugios nucleares que estaba muy contento porque su cartera se había abultado por los encargos recibidos de personas que pensaban utilizarlos para conjurar la hecatombe anunciada. Al parecer, están ideados para resistir hasta veinte años.
Me di en cavilar qué tipo de sujetos son esos que deciden ponerse a salvo: ellos, es decir, la familia más el gato y un canario en su jaula, mientras el mundo se desconcierta y acaba pereciendo atraído por las fauces hambrientas de la desolación y la ruina. El sujeto que cree estar rodeado de bohemios irrecuperables y piensa ¡allá ellos! ¡que les zurzan! Morirán, padecerán la destrucción de sus bienes, la desaparición de sus seres queridos, mientras que yo, aquí dentro, en mi refugio, con mi María, con mis hijitos Aitor y Eva Luisa, con la perra «Laila» que está en celo... bien calentitos, comiendo fabada y piña en lata. Es cierto que no se pueden comunicar con nadie ni usar internet ni la tableta ni el washapp pues todo se va tornando en el exterior neblinoso, atrapado como ha quedado el Universo en un pantano de olvidos hostiles, de piedras verdinosas, de mármoles aliquebrados, de versos marchitos, de tiempo exhausto, de pasado hecho cenizas.
Y ellos, en su refugio. Todavía con los pagos pendientes de la hipoteca, pero en su pleno y gozoso usufructo.
¡Lo que es no haber leído la buena literatura, y especialmente la española de humor! Porque estas gentes ignoran que todo esto fue tratado por Enrique Jardiel Poncela en su obra «cuatro corazones con freno y marcha atrás» donde aparecen esas entrañables parejas que consideran que «morirse es un error» y deciden confabularse contra la maldita visita de la guadaña y además tomar el elixir de la juventud. A partir de ahí, empiezan una vida pletórica de aventuras, dulce de acontecimientos y deleitosa, llena de anhelos colmados hasta que... advierten lo tedioso de una situación que carece de horizonte porque está vacía de sobresaltos, de amores inesperados, de versos nuevos, de lágrimas, de noticias de la Bolsa y de los familiares, incluida la prima de riesgo, es decir, una existencia que tiene el atrevimiento de ignorar las jugarretas que guarda en su seno el arca misteriosa del Tiempo.
Y eso ni es vida ni es nada pues lo excitante es ver delante de nosotros, como anuncia Kavafis en su poema, «los días venideros como fila de cirios encendidos, cirios ardientes, áureos y vivos». Por eso lo que gusta del fin del mundo es su comienzo. Pero su comienzo explicado por el Yavista en el relato mágico del Génesis con sus jardines, sus serpientes, sus manzanas, sus pecados, su carne tentadora, su Eva hirviente y su Adán cercado por el perfume de los deleites.
¿El fin del mundo? Vendrá, claro que vendrá, pero será cuando ya no suene la música de Mozart ni se pueda avistar el espectáculo de una mujer enfundada en el traje de su voluptuosidad ni se pueda vivir en pecado o cuando perdamos el hilo de nuestras costumbres y extraviemos nuestras manías.
Ahora bien, la espera ha de ser en descampado, bajo la dictadura del sol y de los vientos, tiranizados por los cielos desmayados y sus nubes socarronas, luchando por el aire entre la algarabía de las vidas. No en el refugio nuclear, refugio de certezas secas.
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